{"id":658,"date":"2020-03-30T10:17:51","date_gmt":"2020-03-30T10:17:51","guid":{"rendered":"http:\/\/juanaandueza.es\/blog\/?p=658"},"modified":"2026-03-16T00:31:58","modified_gmt":"2026-03-16T00:31:58","slug":"no-hay-nadie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/juanaandueza.es\/blog\/2020\/03\/30\/no-hay-nadie\/","title":{"rendered":"No hay nadie"},"content":{"rendered":"<p>Yo he nacido en Madrid, en la calle de O&#8217;Donnell. Ser \u00abde Madrid\u00bb siempre tuvo para m\u00ed una cierta sensaci\u00f3n de desarraigo, un no tener ni pueblo, ni tierra, ni lugar concreto en el mundo. Una cierta libertad c\u00f3smica. Por eso ese dicho \u00abde Madrid al cielo\u00bb, como si la visita a este planeta fuera mucho m\u00e1s liviana que esas ra\u00edces que atornillan a las gentes a su terru\u00f1o, a su lengua, a un pa\u00eds, a una bandera. As\u00ed ha sido; como cualquier cosmopolitismo la ciudad de Madrid se modifica constantemente; aluviones de personas vinieron, vienen, viven, se marchan, desaparecen, vienen otros&#8230; llenan este punto interior de una pen\u00ednsula variopinta&#8230; Yo, aunque viaje, siempre tengo la perenne sensaci\u00f3n de permanecer en Madrid como la Puerta de Alcal\u00e1, viendo pasar el tiempo y mi propia vida, una flotante sensaci\u00f3n de paso. Algunas esquinas de las calles madrile\u00f1as han sido mis atalayas urbanas; el bar de mi padre Lorenzo en la calle Narv\u00e1ez, esquina con la calle Menorca. Toda mi infancia corriendo y jugando por ese barrio, aunque viviera en otra parte de la ciudad. De adulta, tener el privilegio de vivir m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os en una de las esquinas m\u00e1s bonitas de la ciudad de Madrid, en la calle de Castell\u00f3 con la calle de Alcal\u00e1, (y unos pocos a\u00f1os, antes, en la esquina de la calle Lagasca con la calle Alcal\u00e1), me proporcion\u00f3 la libre sensaci\u00f3n de estar en una frontera de un barrio emblem\u00e1tico, un parque precioso y una calle antigua. Sal\u00eda del portal y me pod\u00eda desplazar radialmente, andando, a cualquier punto de la ciudad. En esa esquina, ve\u00eda pasar \u00aba todo el mundo del mundo\u00bb: un espect\u00e1culo cosmopolita y ameno que me dilu\u00eda de inmediato por la ciudad en un anonimato fant\u00e1stico. La gente. La vida. No s\u00f3lo los comercios, tan diversos y surtidos, sino las mil sorpresas de una ciudad cambiante por horas, distinta, ca\u00f3tica, creativa, neur\u00f3tica, sorprendente, festiva, abarrotada.<\/p>\n<p>La vida me empuj\u00f3 a salir de esa esquina y buscar otro lugar en donde aposentar mis trastos humanos y un presente incierto. Ya lo he contado; una venta inmobiliaria, una b\u00fasqueda febril, una decisi\u00f3n, una compra y una mudanza a un piso en un barrio del este de Madrid. Ni esquina, ni gente, ni cosmopolitismo, ni sorpresas, ni alegr\u00eda, ni cierta belleza, aunque el desmochado parque que tengo cerca se llame El Para\u00edso. Es el mercado, querida: el precio fluctuante, por metro cuadrado, de las jaulas urbanas donde encajonarse me trajo a la periferia. He conseguido ordenar el presente y hacer m\u00edo un piso luminoso, suficiente para mis artes y para acoger, cuando vienen a Madrid, a mis cuatro amores, mi peque\u00f1a familia. Oteando los alrededores, fui descubriendo el peque\u00f1o comercio circundante pero, para abastecerme de mis alimentos un tanto especiales, necesariamente, ten\u00eda que ir al centro cada dos por tres, para ir al cine o a impregnarme de arte o encuentros amistosos. Este barrio es una tumba. Sin remedio, para cualquier cosa, tengo que hacer trayectos largos en autobuses abarrotados. Voy y vengo. Vengo y voy. Me gusta el silencio, tengo mucho silencio, pero me pone triste este enclave urbano, des\u00e9rtico de vida y gente, de sorpresas y belleza. Me he vuelto m\u00e1s eremita a\u00fan; parezco la \u00abvieja del visillo\u00bb, cuando atisbo por la venta un coche que pasa o escucho una voz fantasmal que retumba en la noche.<\/p>\n<p>Estas Navidades pasadas, mi nieto Omar de dos a\u00f1os, estuvo conmigo una tarde entera, llenando la casa de su maravillosa energ\u00eda, jugando, riendo y corriendo. En un momento dado se asom\u00f3 a la ventana durante un rato largo. Volvi\u00f3 su guapa cara y me dijo, serio, \u00abno hay nadie\u00bb. Y lo hizo varias veces m\u00e1s, repitiendo, \u00abno hay nadie\u00bb. As\u00ed es Omar, en este lugar del barrio de Simancas, parece no haber nadie en la calle nunca y eso me empotra m\u00e1s en esta jaula, bonita y m\u00eda.<br \/>\nNo hay nadie&#8230;<\/p>\n<p>Cuando ahora esto escribo, desde el confinamiento mundial y obligatorio que nos ha coronado a la Humanidad entera como reyes y reinas de nuestro pa\u00eds interior, continente ignoto, convento trapense, laboratorio Frankenstein de nuestras casas, chabolas o palacios, me asomo a la ventana. S\u00ed, no hay nadie, nadie pasa, nadie pasea, nadie corre o r\u00ede. A trav\u00e9s de infinitas im\u00e1genes en televisi\u00f3n y prensa se que no hay nadie en las calles, en los parques, en las carreteras, en los aeropuertos, en las estaciones, en los campos. Estamos todos en los pa\u00edses interiores, conectados a viajes c\u00f3smicos para no sufrir el confinamiento. Me pregunto c\u00f3mo voy a reaccionar cuando me vuelva a encontrar en las calles llenas de gentes. Tampoco se si se podr\u00e1 besar, abrazar o conversar sin un antifaz en la boca. Todos vamos a salir distintos a esa libertad que intuyo mermada irremediablemente, tengo sospechas. Los seres humanos muertos, contados en estad\u00edsticas internacionales por la pandemia del Covid-19, ser\u00e1n las v\u00edctimas oficiales. Los seres vivos que sobrevivan afrontar\u00e1n una etapa dif\u00edcil, econ\u00f3mica y social. Toda la gente del mundo quedar\u00e1 tocada.<\/p>\n<p>No hay nadie.<\/p>\n<p>La Naturaleza se ha liberado de nosotros y se ha extendido, libre y fecunda, en esta primavera tan rara. Miro por la ventana, no hay nadie en la calle, pero intuyo a cada ser humano, recluido e \u00edntimo en su hogar, expandiendo su esencia e imaginaci\u00f3n. Medito por las personas que no tienen casa, techo o lugar seguro; los m\u00e1s vulnerables y fr\u00e1giles. Ahora, millones de personas est\u00e1n paradas en seco menos las que prestan servicios esenciales. Despu\u00e9s de esto, \u00bfhabr\u00e1 una reflexi\u00f3n de c\u00f3mo tratamos a la Madre tierra y a nuestros semejantes? Mi esperanza de una humanidad repleta de amor, fraternidad y conciencia es mi anhelo. Deseo una nueva vida para todos, un cambio de paradigma dentro de este suceso hist\u00f3rico de primera magnitud. Yo, en eso estoy.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo he nacido en Madrid, en la calle de O&#8217;Donnell. Ser \u00abde Madrid\u00bb siempre tuvo para m\u00ed una cierta sensaci\u00f3n de desarraigo, un no tener ni pueblo, ni tierra, ni lugar concreto en el mundo. Una cierta libertad c\u00f3smica. 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