{"id":670,"date":"2020-11-25T14:47:34","date_gmt":"2020-11-25T14:47:34","guid":{"rendered":"http:\/\/juanaandueza.es\/blog\/?p=670"},"modified":"2026-03-16T00:04:30","modified_gmt":"2026-03-16T00:04:30","slug":"cartas-de-ida-y-vuelta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/juanaandueza.es\/blog\/2020\/11\/25\/cartas-de-ida-y-vuelta\/","title":{"rendered":"Cartas de ida y vuelta"},"content":{"rendered":"<p>La palabra <strong>carta<\/strong>, ocupa en el diccionario de la Real Academia Espa\u00f1ola de la Lengua, nada menos que p\u00e1gina y media de espacio. Escribir una carta, a mano y enviarla al Correo, ocupa un tiempo t\u00e1ctil, en esta \u00e9poca de premura, convirtiendo el gesto en un acto rom\u00e1ntico; y en desuso, porque los correos electr\u00f3nicos han suprimido, casi totalmente, ese m\u00e9todo material y viajero. Lanzar un mensaje escrito en un papel, sin esperar con impaciencia la respuesta, es un acto valiente: es lanzar al destino unos papeles escritos, dentro de otro papel doblado que, ante unos ojos lectores, expliquen los sentimientos m\u00e1s profundos o exploten una reacci\u00f3n que sea tan grave, como el silencio perpetuo de una respuesta.<\/p>\n<p>Cartas sin respuesta. Cartas perdidas. Yo, siempre he escrito cartas ante la imposibilidad de ajustar lo que mi alma sent\u00eda. Volcar<strong> las palabras adecuadas<\/strong>. Siempre he tenido la sospecha de que no ten\u00eda el espacio suficiente para hablar o decir o expresar y ser escuchada, o entendida. Al mandar una carta con confesiones, que se han estrellado ante unos ojos asombrados, queda el mensaje en un lugar ambiguo, sin poder averiguar la reacci\u00f3n del receptor. Una carta no es una conversaci\u00f3n. Es una <strong>confesi\u00f3n<\/strong>. Anta\u00f1o, las gentes separadas geogr\u00e1ficamente se comunicaban a base de cartas, aunque no se supiera ni leer ni escribir. Alguien lo hac\u00eda a petici\u00f3n. Es cierto, yo misma escrib\u00ed algunas cartas amorosas por encargo. Firmar una carta es un documento tan v\u00e1lido como un testamento notarial: ah\u00ed queda lo que se quiere comunicar\u00a0<em>per secula seculorum<\/em>. Por eso es importante la fecha, que determina el momento del impulso. Una carta hol\u00f3grafa es <strong>un documento \u00fanico y total.<\/strong><\/p>\n<p>No me arrepiento de lo que escrib\u00ed -en su d\u00eda- a las personas que conoc\u00ed, aunque fuera impertinente o absurdo. Cuando mand\u00e9 un texto como el que lanza una flecha, no fue nunca para herir el coraz\u00f3n de nadie, sino para entrar en \u00e9l. Para pedir <strong>perd\u00f3n<\/strong>. Para pedir <strong>atenci\u00f3n<\/strong>. Para <strong>amar<\/strong>. Para <strong>dejar de amar<\/strong>. Para dar <strong>explicaciones<\/strong>. Para contar <strong>sentimientos<\/strong>. Para <strong>compartir<\/strong>&#8230;<\/p>\n<p>A base de garabatos sagrados la Humanidad cre\u00f3 algo prodigioso, la escritura. La escritura hol\u00f3grafa es una canalizaci\u00f3n sutil de \u00ablo que quiere manifestarse\u00bb. A veces somos s\u00f3lo eso, canal.\u00a0 Al contar nuestra vida creamos <strong>v\u00ednculos<\/strong>.<\/p>\n<p>La correspondencia es <strong>privada, sagrada<\/strong> en el sentido de absoluta confidencia. Leer una carta ajena es un acto de intromisi\u00f3n reprobable. Una desnudez impropia. Eso se ha extendido a los emails, a los tel\u00e9fonos m\u00f3viles con los correos privados. <strong>Nadie tiene derecho a leer correspondencia ajena<\/strong>. Si son mensajes, adem\u00e1s, antiguos, de tiempos pasados que ten\u00edan su vigencia, esos intrusos lectores son ladrones, hollando con sus ojos sucios confidencias a destiempo. Conozco lecturas de cartas m\u00edas en habitaciones ajenas que, por complejas que fueran mis manifestaciones escritas hace a\u00f1os, me dieron, al enterarme de la violaci\u00f3n, la medida de esos ojos cotillas. Algo que determin\u00f3 mi distancia emocional de quien no respeta cartas ajenas en lugares privados.<\/p>\n<p>La carta y los <strong>sellos<\/strong>.<\/p>\n<p>Una de las ocasiones m\u00e1s dolorosas con respecto a mi env\u00edo de cartas fue en Mozambique: estando viviendo all\u00ed, escrib\u00ed cartas a mi hijo y amigos, acompa\u00f1adas de dibujos. Un d\u00eda, al ir a la oficina de Correos en Maputo, una funcionaria delincuente, con cara c\u00ednica, me pidi\u00f3 el dinero de los sellos, dici\u00e9ndome que ella los pegaba despu\u00e9s. Aquellos sobres desaparecieron de mi vista y ninguna carta lleg\u00f3 <strong>nunca<\/strong> a su destinatario. Algo inadmisible en una oficina de Correos estatal.<\/p>\n<p>La foto\u00a0que acompa\u00f1a a este escrito es de una carta que he enviado hace un mes a mi familia, que ahora reside en Marruecos. Esperando que me contestaran, con alg\u00fan dibujo de mis nietos o algo por el estilo, en mi buz\u00f3n ha aparecido la carta, devuelta. Y censurada. La direcci\u00f3n es la correcta y el franqueo es el correcto. Otras cartas ya llegaron antes. Lo que no parece ser correcto en este env\u00edo, para el gobierno marroqu\u00ed, es uno de los sellos del sobre; un<strong> sello de la bandera LGBT<\/strong>, bandera arcoiris, s\u00edmbolo del orgullo l\u00e9sbico, gay, bisexual y trans desde 1978. O sea, un manifiesto impensable en el pa\u00eds alahu\u00edta, pero, \u00bfes correcto <strong>censurar<\/strong> una carta con un sello oficial del Gobierno Espa\u00f1ol?\u00a0Voy a volver a mandar la carta dentro de otro sobre con otros sellos. Sin abrir el sobre, no me interesa saber qu\u00e9 les dec\u00eda a mis amados, es un pasado que se ha saltado a un presente y que debe ir al futuro.<\/p>\n<p>Los sellos de correos han sido un valor de poderosa inversi\u00f3n econ\u00f3mica durante siglos. Sellos con reproducciones art\u00edsticas, aniversarios o conmemoraciones de toda \u00edndole, cobran m\u00e1s valor cuando trasgreden algo. O tienen un defecto. O un mensaje perturbador. Este sello arco\u00edris lo tiene para ciertos conceptos morales o pol\u00edticos. Por respeto a mi familia y para su seguridad, yo tambi\u00e9n he censurado el nombre y la direcci\u00f3n del sobre que aparece en la foto. Un <strong>efecto espejo<\/strong> de este peque\u00f1o suceso postal.<\/p>\n<p>Sigo mandando cartas, aunque me duela la mano al escribir o el alma al contar lo que siento. En las Oficinas de Correos Espa\u00f1olas hay mucho tr\u00e1fico de cartas oficiales, paquetes, muchos paquetes, pero sospecho que <strong>pocas cartas escritas a mano y con la vida dentro<\/strong>. Hay que volver a lo sencillo y aut\u00e9ntico.\u00a0Para eso hace falta saber la <strong>direcci\u00f3n postal de la gente que nos interesa<\/strong>. Hoy en d\u00eda, con los m\u00f3viles y correos electr\u00f3nicos, ignoramos d\u00f3nde habitan amigos y conocidos. Si se pierde un tel\u00e9fono m\u00f3vil o una agenda electr\u00f3nica, se pierde un rastro valioso y, puede ser, al amigo o amiga. Deber\u00edamos pedir a los Reyes Magos una agenda de papel y escribir domicilios, para <strong>mandar una carta insospechada<\/strong> este a\u00f1o nuevo. Menudo regalo. Aseguro, que la sorpresa de quien reciba nuestra desconocida letra ser\u00e1 tan may\u00fascula como alegre. Un gesto peque\u00f1o y sencillo, lleno de significado. Pero, cuidado con los sellos, nunca sabremos cuales son peligrosos o inconvenientes. Ahora que no hay que chupar el pegamento, como cuando chup\u00e1bamos la cabeza de Franco como si quisi\u00e9ramos tragar aquellos vitri\u00f3licos a\u00f1os oscuros, comprar sellos es c\u00f3modo: son autopegables. Cuidado, los de la bandera LGTB \u00fasenlos solo para cartas o postales a pa\u00edses evolucionados y permisivos con cualquier tendencia sexual humana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palabra carta, ocupa en el diccionario de la Real Academia Espa\u00f1ola de la Lengua, nada menos que p\u00e1gina y media de espacio. 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