{"id":675,"date":"2020-12-07T19:50:36","date_gmt":"2020-12-07T19:50:36","guid":{"rendered":"http:\/\/juanaandueza.es\/blog\/?p=675"},"modified":"2026-03-16T00:31:58","modified_gmt":"2026-03-16T00:31:58","slug":"la-manana-que-llegue-al-cafe-lyon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/juanaandueza.es\/blog\/2020\/12\/07\/la-manana-que-llegue-al-cafe-lyon\/","title":{"rendered":"La ma\u00f1ana que llegu\u00e9 al Caf\u00e9 Lyon"},"content":{"rendered":"<div>Hace unos d\u00edas fui al cine a ver\u00a0<strong>el documental \u00abAnatom\u00eda de un dandy\u00bb<\/strong>, dirigido por\u00a0<strong>Charlie Arnaiz y Alberto Ortega<\/strong>. Una pieza que deber\u00edan ver, sobre todo, los j\u00f3venes, para conocer a\u00a0<strong>Francisco Umbral<\/strong><b>,<\/b>\u00a0un personaje indispensable de la literatura espa\u00f1ola. Tras el visionado, me acord\u00e9 de una an\u00e9cdota m\u00eda con \u00e9l. Y de mi vida en aquel\u00a0<strong>Madrid<\/strong>\u00a0que bull\u00eda lleno de creatividad.<\/div>\n<div>\n<div dir=\"ltr\">\n<div dir=\"ltr\">\n<div dir=\"ltr\">\n<div>La ronda que yo hac\u00eda en aquellos a\u00f1os madrile\u00f1os por los\u00a0<strong>Caf\u00e9s<\/strong><b>\u00a0<\/b>fluctuaba de lugar para participar en tertulias de poetas o aprender sobre fen\u00f3menos extraterrestres o para estar sola -leyendo en un rinc\u00f3n o escribiendo- o quedar para encuentros romances.\u00a0Entraba yo a un Caf\u00e9 y si conoc\u00eda a alguien me anclaba a su mesa. En los Caf\u00e9s todo el mundo era, m\u00e1s o menos, bien venido a las lecciones magistrales o a cotilleos reci\u00e9n pescados. O a sorpresas may\u00fasculas: un d\u00eda en el\u00a0<strong>Caf\u00e9 Gij\u00f3n<\/strong>, entr\u00f3 un joven que proclam\u00f3 en voz alta a los comensales \u00bfqui\u00e9n quiere publicar un libro de poemas? Yo, levant\u00e9 la mano de inmediato. Aquel generoso joven hab\u00eda empezado a publicar unos libros primorosos, la colecci\u00f3n\u00a0<strong>Hiedra de Poes\u00eda<\/strong>. A la vuelta de una estancia m\u00eda en Roma yo ten\u00eda un pu\u00f1ado de poemas escritos en un cuaderno. Se los di a leer a\u00a0<strong>Jos\u00e9 Matesanz<\/strong>\u00a0que, enseguida, me dijo que los publicar\u00eda; para ello, tuvimos unas cuantas citas previas.<\/div>\n<div>Una ma\u00f1ana,<b>\u00a0<\/b><strong>Jos\u00e9 Matesanz<\/strong>\u00a0me convoc\u00f3 en el<strong>\u00a0Caf\u00e9 Lyon<\/strong>, (al que yo sol\u00eda ir por las noches, a la tertulia de avistamientos ovnis y cosas as\u00ed). Al entrar, comprob\u00e9 que apenas hab\u00eda nadie en el sal\u00f3n. Cerca del ventanal, tieso como una esfinge, estaba sentado<b>\u00a0<\/b><strong>Francisco Umbral<\/strong>, sin haberse quitado el abrigo y parapetada su romana cabeza tras una bufanda, blanca. Al irme a sentar cerca del otro ventanal, salud\u00e9 a la esfinge con un movimiento de cabeza; esas cortes\u00edas de anta\u00f1o, como si el sal\u00f3n fuera un domicilio compartido. A\u00a0<strong>Francisco Umbral<\/strong>\u00a0me lo hab\u00edan presentado en varias ocasiones. Su carisma g\u00e9lido no me permiti\u00f3 ser nunca su amiga, siempre estaba rodeado de aduladores y gente importante. Yo le\u00eda sus cr\u00f3nicas en los diarios, el latido snob de la ciudad de\u00a0<strong>Madrid<\/strong>. Yo sab\u00eda que estar entre esas l\u00edneas \u00e1cidas,<b>\u00a0<\/b><strong>con tu nombre en negrita<\/strong>, te colocaba de inmediato en el parnaso de los importantes. As\u00ed que, he decidido subrayar aqu\u00ed a los que destacan sobre lo relatado, faltar\u00eda m\u00e1s&#8230;<\/div>\n<div>Nunca he sido mit\u00f3mana, aunque s\u00ed curiosa por observar a gente famosa y pillar momentos exclusivos. Soy una mirona y escuchadora impenitente, perseverante en la radiograf\u00eda veraz de cualquier cosa.\u00a0Despu\u00e9s de mi leve saludo, el petrificado\u00a0<strong>Francisco Umbral<\/strong>\u00a0me devolvi\u00f3 un imperceptible movimiento de cabeza. Yo estaba emocionada, ten\u00eda una cita con mi futuro y milagroso editor y miraba la ventana mientras sorb\u00eda mi caf\u00e9.<b>\u00a0<\/b><strong>Francisco Umbral<\/strong>\u00a0tambi\u00e9n miraba por la ventana. Nadie entraba por la puerta. Aunque estaba inm\u00f3vil como una roca, el escritor destilaba una energ\u00eda impaciente.<\/div>\n<div>Los camareros hablaban con unos clientes que estaban al fondo de la sala. Mi timidez, incapaz de establecer una supuesta conversaci\u00f3n con aquel t\u00f3tem literario -famoso por su lenguaje mordaz y su estilo \u00fanico- me hac\u00eda ensayar la forma de tender unas palabras hacia \u00e9l.<b>\u00a0<\/b><strong>Jos\u00e9\u00a0Matesanz<\/strong>\u00a0se retrasaba y lo que fuera que esperaba\u00a0<strong>Francisco Umbral<\/strong>, tambi\u00e9n. Yo podr\u00eda parecer insignificante a los ojos de un escritor de relumbr\u00f3n pero, en aquella \u00e9poca, mi vida no estaba exenta de peligros, delincuencias y aventuras; cr\u00f3nicas que hubieran engordado con veracidad cualquier novela de<b>\u00a0<\/b><strong>Patricia Highsmith o John le Carr\u00e9<\/strong>.<\/div>\n<div>Cuanto m\u00e1s sumergida estaba yo en mis pensamientos, aquel abrigo oscuro se puso de pie y una voz cavernosa y engolada que sal\u00eda de la bufanda blanca se dirigi\u00f3 a m\u00ed: \u00ab\u00bfse\u00f1orita, si entra alguien busc\u00e1ndome ser\u00eda tan amable de decirle que he ido a orinar?\u00bb Creo recordar que balbuce\u00e9 un\u00a0<i>por supuesto\u00a0<\/i>mientras el abrigo oscuro y la melena lacada se fueron hacia los lavabos. Mi imaginaci\u00f3n me hizo llegar hasta aquel ba\u00f1o, \u00bfse lavar\u00eda las manos Francisco Umbral despu\u00e9s de orinar? No hay nada que desmenuce a cualquier diosecillo que imaginarle meando o cagando. Y me qued\u00e9 sumida en lo que me hab\u00eda encomendado, vigilar la puerta para dar el recado. Ser una\u00a0<i>se\u00f1orita nadie\u00a0<\/i>en aquel solitario sal\u00f3n me hab\u00eda convertido en la chica de los recados; jop\u00e9, yo tambi\u00e9n era escritora, esperaba a mi futuro editor para publicar\u00a0<strong>mi libro \u00abCuaderno Romano\u00bb<\/strong>.<\/div>\n<div>Siempre me ha fascinado la egolatr\u00eda ajena; estar camuflada en mis espionajes me ha servido para testar a los que ignoran el mundo sencillo desde atalayas mayest\u00e1ticas. La soberbia y la altaner\u00eda tienen una mirada miope. Aunque\u00a0<strong>Francisco Umbral<\/strong>\u00a0era agudo y usaba sus enormes gafas de parapeto, la fama le hab\u00eda nublado sus pies de barro. Lo que convirti\u00f3 aquel encuentro inc\u00f3modo -para m\u00ed- en ternura fue que su libro favorito m\u00edo era<b>\u00a0<\/b><strong>\u00abMortal y rosa\u00bb<\/strong>. Un conmovedor, bello y herido libro, escrito tras la muerte de su hijo. Tal tragedia estaba escondida en lo m\u00e1s profundo del enigma de la esfinge.<\/div>\n<div>En estas,\u00a0<strong>Francisco Umbral<\/strong><b>\u00a0<\/b>volvi\u00f3 del lavabo y al sentarse, me dijo: \u00ab\u00bfnadie, se\u00f1orita?\u00bb. \u00bfCu\u00e1l era la pregunta, era yo nadie -una persona insignificante- o nadie hab\u00eda preguntado por \u00e9l? No recuerdo cuanto tiempo pas\u00f3 mientras entraron algunas personas y, de repente, como una exhalaci\u00f3n,\u00a0<strong>un se\u00f1or gordote con gafas<\/strong>, que se abalanz\u00f3 sobre la mesa de\u00a0<strong>Francisco Umbral.<\/strong> Se dieron la mano -esa mano que unos minutos antes hab\u00eda sostenido una virilidad secreta- y mantuvieron una conversaci\u00f3n de disculpas y reproches, alternativos. Dej\u00e9 de prestarles atenci\u00f3n cuando entr\u00f3 mi\u00a0anhelado editor.<b>\u00a0<\/b><strong>Jos\u00e9 Matesanz<\/strong>, ven\u00eda a explicarme los acuerdos de nuestro contrato literario, insistiendo en que yo deb\u00eda ilustrar\u00a0<strong>mi libro \u00abCuaderno romano\u00bb<\/strong>, para potenciar su contenido.<\/div>\n<div><strong>El se\u00f1or gordote con gafas<\/strong>\u00a0no lleg\u00f3 a pedir ni un caf\u00e9,\u00a0<strong>Francisco Umbral<\/strong>\u00a0se levant\u00f3 envarado y, a punto de salir, aquellas gafas de culo de vaso me lanzaron una mirada peque\u00f1ita y la voz cavernosa me dijo: \u00abgracias se\u00f1orita, al fin lleg\u00f3 este mal educado\u00bb. Los d\u00edas siguientes, estuve leyendo sus cr\u00f3nicas period\u00edsticas, por si el gran mentidero de la corte comentaba algo al respecto; pero nada,<i>\u00a0nadie<\/i>\u00a0tuvo relevancia alguna para el cronista de marquesas, pol\u00edticos y gentes faranduleras.\u00a0De escritora a guardiana de orines ajenos, algunos encuentros m\u00edos con peculiares seres humanos han tenido -y tienen- sus an\u00e9cdotas, que se vuelven inolvidables s\u00ed coinciden con una efem\u00e9ride: As\u00ed fue, unas semanas despu\u00e9s volv\u00ed al\u00a0<strong>Caf\u00e9 Lyon<\/strong>, a firmar el contrato de la publicaci\u00f3n de\u00a0<strong>mi libro \u00abCuaderno Romano\u00bb<\/strong>\u00a0con\u00a0<strong>Jos\u00e9 Matesanz.<\/strong>\u00a0Un par de meses despu\u00e9s, la presentaci\u00f3n del libro ocurri\u00f3 en la<b>\u00a0<\/b><strong>Librer\u00eda Buchholz<\/strong>, en la calle Mart\u00ednez Campos de Madrid. Presentado por\u00a0<strong>don Jos\u00e9 Garc\u00eda Nieto,<\/strong>\u00a0un poeta, un hombre generoso, grande y noble, una gran alma que vive en mi recuerdo.<\/div>\n<div>Al fin,\u00a0<strong>\u00abyo he venido a mi blog a hablar de mi libro\u00bb,<\/strong> parafraseando aquella m\u00edtica frase de\u00a0<strong>Francisco Umbral<\/strong>\u00a0en la televisi\u00f3n.<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos d\u00edas fui al cine a ver\u00a0el documental \u00abAnatom\u00eda de un dandy\u00bb, dirigido por\u00a0Charlie Arnaiz y Alberto Ortega. Una pieza que deber\u00edan ver, sobre todo, los j\u00f3venes, para conocer a\u00a0Francisco Umbral,\u00a0un personaje indispensable de la literatura espa\u00f1ola. Tras el visionado, me acord\u00e9 de una an\u00e9cdota m\u00eda con \u00e9l. 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