{"id":713,"date":"2021-11-17T15:19:35","date_gmt":"2021-11-17T15:19:35","guid":{"rendered":"http:\/\/juanaandueza.es\/blog\/?p=713"},"modified":"2026-03-16T00:31:58","modified_gmt":"2026-03-16T00:31:58","slug":"meteoritos-como-pedrisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/juanaandueza.es\/blog\/2021\/11\/17\/meteoritos-como-pedrisco\/","title":{"rendered":"Meteoritos como pedrisco"},"content":{"rendered":"<p>Se nos olvida que los seres humanos estamos viviendo sobre una bola que flota, rotando, entre una ignota masa oscura. Esa teor\u00eda actual de que el planeta no es una bola, es un plano, convierte el viaje en algo literario; entonces, estar\u00edamos sobre una alfombra voladora. Lo cierto, es que los seres humanos de pie, estamos, sin darnos cuenta, bajo una infinita intemperie, pegados a la bola -o sentados en la alfombra, qu\u00e9 m\u00e1s da- con la cabeza en permanente peligro. <strong>Peligro<\/strong>, tambi\u00e9n, por las ideas que la mente amasa dentro de la bola del cr\u00e1neo, que flotan a su manera y percuten y nos hacen viajar por pensamientos, a veces, terribles. La <strong>vulnerabilidad <\/strong>de nuestro existir al aire libre la hemos paliado desde que tenemos conciencia tap\u00e1ndonos con una hoja, un tronco seco o al refugio de una cueva; a\u00fan dentro, en cualquier momento, se pod\u00eda desprender un trozo de techo o caernos, sin previo aviso, el garrotazo de otro ser humano.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas, en la prensa, se relataba que una mujer se hab\u00eda despertado sobresaltada porque hab\u00eda ca\u00eddo \u00abuna piedra\u00bb sobre su almohada, despu\u00e9s de traspasar el cristal del lucernario de su dormitorio; junto a su mejilla estaba parado -y a\u00fan caliente- un <strong>meteorito<\/strong> del tama\u00f1o de una naranja. La pelota de hierro hab\u00eda ido a reposar en aquella almohada despu\u00e9s de recorrer infinitos mundos celestiales. Hace a\u00f1os, en la prensa se relat\u00f3 el suceso de un hombre que iba conduciendo su coche cuando un meteorito rompi\u00f3 el vidrio delantero y le quebr\u00f3 el dedo me\u00f1ique de su mano derecha. Llam\u00e9mosles cari\u00f1osamente coscorrones, \u00a1cu\u00e1ntos golpes nos han ca\u00eddo en la vida sobre la cocorota, maternos, paternos, educadores o callejeros, advirti\u00e9ndonos de que hab\u00edamos orbitado mal! Sincron\u00edas mete\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Mi experiencia m\u00e1s grande con esos objetos ca\u00eddos del cielo fue en un pa\u00eds casi infinito, <strong>Namibia<\/strong>. Junto a mis tres compa\u00f1eros de viaje, galopando por los paisajes espectaculares, la vista se ampliaba como nunca, queriendo retener las formas y colores in\u00e9ditos. Muchos kil\u00f3metros sin ver a ning\u00fan ser vivo, nada m\u00e1s que un horizonte interminable, cuando divisamos un cartel que pon\u00eda, \u00abHacia el Meteorito de Hoba\u00bb. Y una flecha a la izquierda de la carretera. Casi nada, cinco horas dur\u00f3 el desv\u00edo hasta llegar al <strong>meteorito<\/strong>. Hundido en el suelo, estaba aquel pastel de hierro y n\u00edquel de 60 toneladas y cientos de millones de a\u00f1os de antig\u00fcedad. Seg\u00fan ciertos c\u00e1lculos, el meteorito debi\u00f3 impactar en la Tierra hac\u00eda unos 80.000 a\u00f1os, m\u00e1s o menos. El meteorito Hoba estuvo confinado en una propiedad privada algunos a\u00f1os hasta que el gobierno namibio decidi\u00f3 convertirlo en un lugar tur\u00edstico. Ese d\u00eda de nuestra llegada, el anfiteatro que lo rodeaba estaba vac\u00edo de visitantes. Subida yo a esa masa met\u00e1lica, imagin\u00e9 el impacto c\u00f3smico cuando ocurri\u00f3 aquella m\u00edtica ca\u00edda de un asteroide gigante que acab\u00f3 con los dinosaurios y otros seres vivos, unos 66 millones de a\u00f1os atr\u00e1s. A los pies de la gran masa de hierro, apareci\u00f3 una serpiente remolona que se meti\u00f3 en un agujero del suelo; as\u00ed que yo pens\u00e9 en aquel suceso bestial, cuando debieron ser las serpientes las que se diversificaron y evolucionaron al refugiarse bajo tierra, creando nuevos estilos de h\u00e1bitats. Hab\u00eda que seguir el viaje y nos despedimos del meteorito -que estar\u00e1 posado all\u00ed hasta el fin de la propia Tierra- e invertimos otras cinco horas en enlazar con la carretera de Grootfontein, para contactar con el pueblo busman, los bosquimanos.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ntas cosas viajeras del cosmos, cuantos asteroides han terminado aqu\u00ed su trayecto loco? \u00bfCu\u00e1ntos sucesos en la vida nos han ca\u00eddo encima como meteoritos, aplast\u00e1ndonos? Algo viene <strong>viajando<\/strong>. Algo susurra un trayecto que se desv\u00eda hacia nuestra existencia y, zas, nos tumba. Hay mucho escombro celestial, pedazos viajeros de rocas que no se convirtieron en lunas o planetas. Los grandes sustos humanos o decepciones vienen viajando y nos sorprenden con su <strong>impacto<\/strong>. Hace poco, a m\u00ed me ha ca\u00eddo un meteorito encima, era un\u00a0<strong>asteroide\u00a0<\/strong>que ven\u00eda con trampa. El impacto desvel\u00f3 cierta informaci\u00f3n soterrada, lo que explica el espejismo de los desiertos verdaderos o de ficci\u00f3n cinematogr\u00e1fica. Nuestra propia Madre Tierra no es una esfera perfecta, es una roca gruyere, horadada por m\u00faltiples impactos. El agua de los diluvios b\u00edblicos ha cubierto gran parte de su esponjosa forma y no percibimos muchas de esas oquedades. As\u00ed nos pasa a los seres humanos: una vez que un suceso personal o profesional nos hace un buen chich\u00f3n en la ilusi\u00f3n -o en una expectativa- debemos convertirlo en un dep\u00f3sito de <strong>sabidur\u00eda<\/strong>. Hay que beberse a sorbos esa agua amarga y degustar los tantos sabores que tiene la vida para nutrirnos con ella.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se nos olvida que los seres humanos estamos viviendo sobre una bola que flota, rotando, entre una ignota masa oscura. Esa teor\u00eda actual de que el planeta no es una bola, es un plano, convierte el viaje en algo literario; entonces, estar\u00edamos sobre una alfombra voladora. 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