{"id":748,"date":"2025-08-06T16:55:05","date_gmt":"2025-08-06T16:55:05","guid":{"rendered":"https:\/\/juanaandueza.es\/blog\/?p=748"},"modified":"2026-03-16T00:31:58","modified_gmt":"2026-03-16T00:31:58","slug":"sirat-y-no-volveras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/juanaandueza.es\/blog\/2025\/08\/06\/sirat-y-no-volveras\/","title":{"rendered":"Sirat y no volver\u00e1s"},"content":{"rendered":"\n<p>Los verdaderos viajes son b\u00fasquedas de rastros que olemos con los sentidos adormilados. La cultura de la comodidad ha convertido cualquier viaje en una c\u00e1psula est\u00e1ndar. Es cierto que para algunos <strong>viajes <\/strong>por tierras ignotas necesitamos los adecuados gu\u00edas que conozcan el territorio: all\u00ed, la viajera es vulnerable y el instinto destapa los errores. Hay lugares sin nombre, sin marcas, limbos de peregrinos. Volver al punto de inicio no es posible si no se ha aprendido la verdadera <strong>lecci\u00f3n<\/strong>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las lecturas que tiene una pel\u00edcula son los ojos de los espectadores cuando se funden en la <strong>historia<\/strong> que se muestra y \u00abla viven\u00bb. O reviven alguna historia propia, alguna gesta que supera la ficci\u00f3n. La pel\u00edcula Sirat es un viaje, con el zumbido musical que tenemos todas y todos en la cabeza, atascada de est\u00edmulos. \u00bfQu\u00e9 se busca cuando se viaja, a una hija, como en la pel\u00edcula? La brutalidad a la que se le ha acusado a esta pel\u00edcula es un p\u00e1lido reflejo de lo que ocurre en ciertos lugares del mundo. \u00bfC\u00f3mo se ha llegado a un lugar -a veces sin proponerlo- sin haber tirado miguitas de pan para recuperar el camino? El horizonte de la esperanza es tan infinito como explosivo. En el inmenso <strong>continente africano<\/strong> el horizonte est\u00e1 borrado, aunque aparentemente haya fronteras. En la pel\u00edcula <strong>Sirat<\/strong>, la historia se complica con las dificultades del camino y los inaprensibles compa\u00f1eros a los que se unen dos criaturas heridas. Para cierto viaje, confiar y hacer equipo rebaja el concepto de persona individual y segura. Nos olvidamos -por aqu\u00ed- que en <strong>\u00c1frica<\/strong> hubo y hay conflictos b\u00e9licos por doquier: la sombra sepultada nos desmiembra la sensibilidad.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar la proyecci\u00f3n de Sirat record\u00e9 mi cincuenta y dos cumplea\u00f1os en Guinea Bissau, reci\u00e9n terminada una larga guerra civil que dej\u00f3 el pa\u00eds devastado.<\/p>\n\n\n\n<p>Para poder viajar por algunos pa\u00edses de \u00c1frica, pactando -a ser posible- con una sola persona, tom\u00e9 como marido temporal, con la bendici\u00f3n espont\u00e1nea del im\u00e1n de la mezquita de Dejen\u00e9e, en Mali, a Etienne Camara: un mandinga <em>joola<\/em> resolutivo, simp\u00e1tico, puro nervio, liante. Un <em>peaje<\/em> para conseguir dormir, comer, moverse y salvar obst\u00e1culos con toda la gente con las que nos fuimos topando. Una semana de febrero donde ca\u00edmos en un lugar remoto de Bissau, en un campamento donde recalaban pescadores deportivos, pens\u00e9 que la mejor manera de celebrar mi cumplea\u00f1os, el d\u00eda 18, era alquilar una barca con su marinero. El gran problema para m\u00ed con Etienne no era que pod\u00eda tragarse una tableta de chocolate de una vez\u00a0-lo juro-, beberse el champ\u00fa de huevo porque ten\u00eda huevo, hablar sin medida en cualquier idioma, intervenir en problemas ajenos como un Superman o resolver la comida diaria de mil maneras ingeniosas. El problema era que, cuando pod\u00eda, beb\u00eda alcohol hasta caer inerte. Yo soy abstemia desde hace muchos a\u00f1os. Cada vez que se aliaba con cualquiera para beber yo me sent\u00eda fatal e intu\u00eda que nos pon\u00edamos en peligro. La noche anterior a mi cumplea\u00f1os Etienne se emborrach\u00f3 mucho&#8230; Por la ma\u00f1ana, el marinero contratado le tir\u00f3 al fondo de la barca como un fardo y emprendimos una ruta para ver a los hipop\u00f3tamos: s\u00f3lo vi orejas y morros dentro del agua, no salieron. Entonces, el marinero me propuso que nos fu\u00e9ramos lejos de la orilla, a pescar. Y puso rumbo indefinido en ese Oc\u00e9ano inmenso. Unas horas despu\u00e9s -nunca lo pude pensar- yo pesqu\u00e9 con mi ca\u00f1a una gran barracuda de plata. Una experiencia emocionante. En el suelo de la barca, la barracuda, algunos peces y el dormido Etienne, reposaban. De repente, en medio de las tranquilas aguas, atisb\u00e9 una <strong>isla ocre <\/strong>con lo que yo cre\u00ed un \u00e1rbol en su cima. Le ped\u00ed al marinero acercarse y, sin mediar palabra, salt\u00e9 al mont\u00edculo. El marinero grit\u00f3. Intr\u00e9pida, di unos cuantos pasos hacia el arbolito y ya no pude sacar los pies de un pegajoso suelo negro. El asustado marinero despert\u00f3 a Etienne: aturdido, me explic\u00f3 que la isla ocre era un mont\u00edculo de guano, millones de cagadas, acumuladas durante a\u00f1os, de aves y p\u00e1jaros. Yo notaba como me iba hundiendo en aquel suelo pegajoso sin poder asirme a nada. Los hombres discut\u00edan mientras yo me daba cuenta de la gravedad de mi \u00edmpetu explorador, cuando intentaba infructuosamente sacar los pies de esa mierda negra. Llegaron a un acuerdo y me dijeron que se iban, a pedir ayuda; que estuviera tranquila, que volver\u00edan. As\u00ed lo hicieron y la barca se alej\u00f3 r\u00e1pida sobre aquel plato de agua. Me qued\u00e9 quieta y sola. Una luz limpia me abrazaba y soplaba una brisa suave. Me <strong>hund\u00eda <\/strong>muy despacio. Empec\u00e9 a aceptar esa <strong>escatol\u00f3gica muerte<\/strong> e hice una cuenta, Madrid 18 de febrero de 1949 &#8211; Guinea Bissau 18 de febrero de 2001. Ese epitafio nunca se escribir\u00eda. Por fortuna, aceptar la muerte es un ejercicio diario que yo practico desde hace a\u00f1os, hasta en la m\u00e1s placentera situaci\u00f3n, pero&#8230; cuando la muerte est\u00e1 llegando, tan lentamente, en un punto remoto y apacible&#8230; un revoltijo de intensas sensaciones me aprisionaba m\u00e1s que el guano&#8230; No sent\u00eda exactamente miedo, solo un asombro inmenso ante la propia cagada -nunca mejor dicho- que yo hab\u00eda hecho subi\u00e9ndome a ese sitio. El pensamiento m\u00e1s fuerte que yo ten\u00eda era que si esos dos hombres no volv\u00edan nadie iba echarme de menos; en esos lugares una <strong>mujer blanca<\/strong>, viajera, aut\u00f3noma, hab\u00eda podido bajarse en cualquier lugar y nadie iba a preocuparse si volv\u00eda al campamento, o no. Desaparecida por completo, imagin\u00e9 -tiempo despu\u00e9s de no recibir noticias m\u00edas- a mi hijo Hugo, desconcertado, preocupad\u00edsimo, angustiado; llamando a las embajadas o a los c\u00f3nsules, en esa \u00e9poca y lugar donde hab\u00eda muy pocos tel\u00e9fonos m\u00f3viles y, ni mucho menos, cobertura&#8230;.. Visualizaba a Hugo emprendiendo un largo y complicado viaje para buscarme, para preguntar por m\u00ed, desde alg\u00fan punto de algunos parajes que yo le hubiera relatado de ese mapa continental africano. Algo que le expon\u00eda a accidentes, peligros y preocupaciones. Hugo hab\u00eda conocido un d\u00eda a Etienne Camara el a\u00f1o anterior en Casamance, cuando yo viv\u00eda en el sur de Senegal. Un ser tan libre e itinerante, estaba claro que no era localizable. Sin una explicaci\u00f3n plausible, no se merec\u00eda mi buen hijo semejante disgusto y desventura por mi desaparici\u00f3n. Rec\u00e9. Respiraba para apaciguar el torbellino de mi mente. No ve\u00eda mis pies, estaba clavada como un palo. Llor\u00e9. Grit\u00e9. Rec\u00e9. \u00bfCu\u00e1nto tiempo pasar\u00eda antes de desprenderme del cuerpo hundido, atrapado y dejar salir a mi alma? No, no quer\u00eda sufrir. No quer\u00eda que ese <strong>tr\u00e1nsito<\/strong> fuera muy largo. El panorama era muy torturante. Era una despedida y segu\u00eda hundi\u00e9ndome.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00f3 un tiempo indeterminado. Aguc\u00e9 el o\u00eddo, un lejano sonido se acercaba. El marinero y Etienne ven\u00edan r\u00e1pidos en la barca hacia m\u00ed. Tra\u00edan unos muy largos y delgados arbolitos que hab\u00edan cortado a saber d\u00f3nde. Con rapidez, los tiraron al suelo, cruzados. En ese entramado se posaron sobre ellos, se acercaron y, con fuerza, tiraron y me extrajeron de la brea. Una vez en la barca, el <strong>guano<\/strong> era muy pegajoso, los dos se afanaron para lavarme con sus manazas, hasta en donde no hab\u00eda llegado ese lodo. Aquel magreo hasta me hizo re\u00edr, me hab\u00edan salvado la vida. Pusimos rumbo al campamento, pero ah\u00ed no acab\u00f3 la cosa: una patrullera militar, con diez soldados y un sargento, nos hizo se\u00f1as. El <strong>barco militar<\/strong> se acerc\u00f3 y nos par\u00f3. Despu\u00e9s de lo sucedido yo me puse alerta, el pa\u00eds estaba en los primeros meses de paz despu\u00e9s de la guerra. Aquello no parec\u00eda una detenci\u00f3n. Toqu\u00e9 en mi bolso mi <strong>pasaporte espa\u00f1ol<\/strong> que tanta fuerza diplom\u00e1tica tiene en tantos lugares. Despu\u00e9s de los saludos reglamentarios se estableci\u00f3 una conversaci\u00f3n protocolaria -ah\u00ed me enter\u00e9 yo que cuando alquilas una barca con marinero, yo era la capitana de la nave- y el educado sargento me pidi\u00f3 permiso para que nosotros llev\u00e1ramos en la barca a cinco de aquellos soldados a un lugar determinado, donde se iba a desarrollar una fiesta en un poblado. El marinero me asegur\u00f3 que llev\u00e1bamos gasoil suficiente para hacerlo y llegar despu\u00e9s de vuelta al campamento. No tuve m\u00e1s remedio que acceder. Una vez a bordo aquellos cinco militares, giramos a otro rumbo. Al momento, el <em>bocachancla<\/em> de Etienne les cont\u00f3 a los soldados, con todo detalle, lo que me hab\u00eda pasado en el mont\u00edculo del guano. Aquellos hombres me miraban y disimulaban la risa. Manteniendo una actitud de dignidad yo aceptaba la chanza; ya hab\u00eda vivido muchas situaciones iguales por mis est\u00fapidas <strong>equivocaciones<\/strong>. Depositamos a los militares en la orilla adecuada y, al fin, llegamos al campamento. Una vez informados del suceso, entre todos los que all\u00ed estaban, decidieron celebrar mi cumplea\u00f1os mientras yo me duchaba. La barracuda, los pescados, m\u00e1s una gran cacerola de arroz y una falda de flecos vegetales -como los que llevaban las mujeres del poblado- que me regalaron, compusieron el <strong>cumplea\u00f1os<\/strong> m\u00e1s inolvidable de mi vida.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>continente africano<\/strong> es una impresionante <strong>lecci\u00f3n de vida<\/strong>, de <strong>conexi\u00f3n<\/strong> con la pura naturaleza y los animales m\u00e1s ins\u00f3litos. All\u00ed est\u00e1 el rastro de nuestros ancestros. Por mucho que te esfuerzas -para una persona occidental- sus habitantes, sabios y maestros de supervivencia, constantemente, te colocan en el sitio adecuado tu ignorancia o prepotencia. Lecciones aprendidas que necesitan tiempo, d\u00edas, quiz\u00e1s a\u00f1os para entenderlas. En la pel\u00edcula Sirat, despu\u00e9s de un periplo brutal por un desierto, un hombre vuelve solo, despojado de todo, vivo. As\u00ed hay que volver de los verdaderos viajes, escarmentada y mejor, pero viva. Tras la vuelta a Dakar dej\u00e9 a Etienne liberado en su Senegal, <strong>d\u00e1ndole las gracias<\/strong> por rescatarme de aquella trampa en la que me hab\u00eda metido yo sola. Volv\u00ed a Madrid. Al abrazar a mi hijo Hugo tuve el sentimiento de resurrecci\u00f3n plena. Si aquellos hombres me hubieran abandonado en aquel lugar mi amado hijo Hugo no hubiera sabido, jam\u00e1s, qu\u00e9 me hab\u00eda pasado, sepultada para siempre en una tumba de mierda. Nunca me hubiera encontrado, por mucho que se afanara en una b\u00fasqueda sin cuerpo. Inclusive, pod\u00eda imaginar su esperanza eterna de un regreso tard\u00edo m\u00edo. Me resultaba <strong>estremecedor<\/strong>. Las desapariciones de seres humanos son una tragedia doloros\u00edsima para las familias. Es cierto que hay desapariciones voluntarias que no se resuelven jam\u00e1s, misterios oscuros. La constataci\u00f3n de la muerte es preferible a la espera. Hay accidentes, asaltos, secuestros, da\u00f1os ajenos. Lo que nos concierne es otra cosa. Cuidarse significa observarse constantemente. El atolondramiento, la desidia, no estar en un aqu\u00ed y ahora permanente, en la escucha interior, nos crea problemas, nos enferma, nos mata.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>No hay un seguro vital en ning\u00fan sitio. Las conquistas, las eternas guerras del continente africano han dejado pa\u00edses arrasados, minas antipersonas activadas, asesinatos \u00e9tnicos colectivos y negocios criminales. Yo volv\u00ed despu\u00e9s a \u00c1frica a otros periplos parecidos, pero con mayor cuidado y <strong>humildad<\/strong> para reconocer que podemos perecer en cualquier momento, por imprudencia o un subid\u00f3n de ego imb\u00e9cil. El peligro acecha, la vida es peligrosa, impredecible, en cualquier lugar por tranquilo que parezca. Tambi\u00e9n los viajes al propio ser interior, despojando el personaje creado, el disfraz, causan miedo y v\u00e9rtigo. Hay que morir varias veces para <strong>entender la vida<\/strong>; abandonar la materia y volver al alma intangible.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos llenos de <strong>espejismos<\/strong>, como aquella isla que no era tal, una trampa de mi ilusi\u00f3n. Escribiendo este recuerdo reflexiono que quiz\u00e1s por todo aquello aborrezco a las palomas urbanas de Madrid, con sus cagadas t\u00f3xicas. Amo a los diminutos gorriones que cagan peque\u00f1ito. As\u00ed soy yo cuando viajo, un ave de paso con un plumaje multicolor que intenta no dejar basura, ni da\u00f1o a nadie.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los verdaderos viajes son b\u00fasquedas de rastros que olemos con los sentidos adormilados. La cultura de la comodidad ha convertido cualquier viaje en una c\u00e1psula est\u00e1ndar. 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